BlogMejorar mi salud

Mi nombre es Noelia Duarte, responsable del área de entrenamiento personal en Vidingcare y hoy me paso por aquí para hacerte unas preguntas y así poder ayudarte.

Si estás leyendo esto, probablemente vayas a entrenar con cierta regularidad, así que, te voy a pedir que dediques unos segundos a analizar los siguientes puntos:

  • ¿Sabes por qué se recomienda entrenar con una intensidad concreta según el objetivo?
  • ¿A qué intensidad entrenas?
  • ¿Qué patologías o lesiones tienes y qué tipo de entrenamiento es el más adecuado para ti?
  • ¿Eres constante con el entrenamiento?
  • ¿Has consultado con un profesional médico qué puedes y qué no puedes hacer?
  • ¿Te has asesorado con un profesional del ejercicio físico?

A continuación, te presento a Arturo. Lleva más de un año entrenando en la clínica. Tiene 72 años y varias operaciones de columna (artrodesis lumbar). Acudió a nosotros por recomendación médica. Sus constantes dolores de espalda (agravados por su pronunciada escoliosis) y la falta de masa muscular, originaban principalmente déficit de equilibrio y limitación en la vida diaria, así como en su entrenamiento habitual.

Gracias a un trabajo interdisciplinar entre sus médicos (neurólogo y traumatólogo), fisioterapia manual y entrenamiento personal hemos conseguido mejorar su condición física: tener mayor control de su cuerpo, aumentar sus niveles de fuerza, y mejorar así su calidad de vida.

En su caso concreto, es muy difícil que desaparezcan los dolores, pero sabe que el ejercicio físico es clave para seguir siendo totalmente autónomo en su día a día. En Vidingcare, fijamos pequeños retos y combinamos ejercicios posturales y analíticos que reduzcan las molestias, con otros más globales que potencien su fuerza. También realizamos transferencia a movimientos que originen un aumento de la frecuencia cardíaca.

Y como Arturo, otras muchas personas que no saben dar respuesta a las preguntas inicialmente planteadas. Aunque el mundo del entrenamiento es realmente complejo y extenso, te voy a explicar brevemente qué necesitas sí o sí hacer para beneficiarte al máximo del ejercicio físico.

Consulta con tu médico si tu patología tiene contraindicaciones reales y estudiadas para la práctica de ejercicio físico. Hoy en día, raro es quien promueva el REPOSO ABSOLUTO. Debemos movernos, evitar el sedentarismo y coger el hábito de entrenar, priorizarlo y no dar cabida a “hoy no entreno que no tengo tiempo”. Saca 3-5 h a la semana para entrenar y por otra parte (ya que no es lo mismo), otro ratito para pasear, para divertirte bailando, montando en bici, cuenta el número de escalones que subes, juega con tus nietos, con tus hijos. ¡Gana años de calidad de vida!

Al entrenar y mantenernos activos obtenemos beneficios directos sobre estas áreas, entre muchas otras.

El ejercicio físico bien pautado y realizado, es antiinflamatorio, antidepresivo, favorece a la densidad mineral del hueso, evita la pérdida de fuerza, la cual es indispensable para levantarse de una silla, de la cama, para subir escaleras (las del soportal también, no me refiero sólo a un 5º piso) o para reaccionar ante un resbalón o un tropiezo y no caerse.

Pregunta a un profesional del ejercicio qué tipo de entrenamiento es el que te favorece más según tus lesiones o patologías. Llévale tu informe médico para que te pueda ayudar con tus dolores de espalda, de rodilla, o para no hacerte daño en el gimnasio. Entrenar mal, es muy fácil. Entrenar bien, requiere aprendizaje, requiere tiempo y constancia.

¿A que sería genial conocer la musculatura y las articulaciones de tu cuerpo para saber qué es lo que estás moviendo o entrenando? Controlar la técnica (pensar antes de ejecutar). Automatizar ciertos gestos para poder realizarlos a máxima velocidad sin opción a la lesión o a empeorar tus síntomas. Tener seguridad plena en cada paso que das, cada vez que te bajas del autobús o del coche, cada vez que tienes que realizar cualquier movimiento que a día de hoy quizás se resista.

Y si te surgen dudas, como estas:

  • ¿puedo dar más intensidad de la que doy?
  • ¿el entrenamiento que hago realmente hace que gane fuerza o que mis huesos sean efectivamente más fuertes?
  • ¿estoy haciendo el ejercicio adecuado para reducir mi hipertensión?

Simplemente pregunta. No tienes porqué saberlo, pero ¿a que sería muy importante aprenderlo y aplicarlo?

Aunque seguramente lo sepas, decirte que existen pruebas médicas que te ayudan a conocer tu punto de partida (la capacidad de tu cuerpo para consumir oxígeno) y a evitar riesgos potenciales durante la práctica de ejercicio físico vigoroso: las pruebas de esfuerzo y los reconocimientos médicos. En concreto, indispensables si padeces enfermedades cardiovasculares graves y/o antecedentes familiares graves. Si es tu caso, no entrenes sin una aprobación médica.

Existen diferentes protocolos y se utilizan en función del paciente: en bici o en cinta, con analizador de gases o sin él. Espirometría, análisis de sangre, electrocardiograma…todo ello para evaluar cómo respondes ante un esfuerzo físico de menor a mayor intensidad.

En definitiva, los beneficios del ejercicio físico están muy estudiados.

  • Entrenamiento de fuerza: a máxima velocidad y utilizando cargas medias-altas evita la dinapenia y la sarcopenia.
  • Entrenamiento de movilidad (que no es lo mismo que flexibilidad): favorecen a tener unas articulaciones competentes y a evitar lesiones.
  • Entrenamiento aeróbico: favorece la vascularización, con él liberamos endorfinas y, por ende, nos sentimos mejor con nosotros mismos. Cada vez, conseguiremos no fatigarnos durante un esfuerzo físico más o menos prolongado.
  • Entrenamiento con impacto: sorprendentemente, estimula las células encargadas de producir hueso (osteoblastos), por lo tanto, mejoramos la densidad mineral, muy debilitada en la menopausia.

Ahora, vuelvo a preguntarte:

¿Conoces qué ejercicio es el más adecuado para ti?

 

NOELIA DUARTE IGLESIAS

RESPONSABLE EP

GRADUADA EN CCAFYD

MÁSTER EN FISIOLOGÍA DEL EJERCICIO